El Gobierno prepara un plan antiviolencia como reacción a la última masacre escolar
No está claro cuánto pinta el juego en la violencia, pero expertos alemanes esperan combatir una deriva juvenil, que iría de la abulia a la agresividad, empezando por prohibir el «paintball».
Después de una última masacre escolar en marzo, con 16 bajas, que volvió a dejar petrificada a la sociedad, expertos sociales y policiales, convocados por el Gobierno, han preparado un plan que presentará en mayo el ministro federal del Interior ante el Parlamento.
¿Es violento el «paintball»?
Pero, ¿de verdad es violento el «paintball»? Se trata de ese juego de estrategia al aire libre, por el que los jugadores se disparan bolas de pintura; su colorismo y fama lo hace destacar entre las medidas con las que Berlín cree poder limitar la agresividad en sus jóvenes. Los expertos recuerdan que «en el propio juego existe ya la prevención de no llamar «pistolas» a las armas, sino «marcadoras»», y que su carácter desestresante es tal porque el combate, de hecho, lo es.
¿Cursi? Por un lado, las autoridades alemanas tienden a tomarse más en serio que en otros lugares el origen de un problema, de ahí su preocupación tradicional con la educación. De otro, no es tópico el que todo lo que sea regulable y no haya sido regulado causa vértigo al alemán medio, de ahí la hipocondría y la hiper-legislación.
El Gobierno quiere limitar actividades que simulen «la ejecución» de un adversario y prohibir, a menores de 18, el tiro deportivo con armas de cierto calibre. Los propietarios de licencias deberán poner cualquier arma bajo llave y aceptar controles domiciliaros. Medidas futuras incluirían un registro electrónico de todo armamento de fuego, con controles biométricos que impidan su empleo por otros. Se prevén multas de hasta 5.000 euros.
Todos de acuerdo
Democristianos y socialdemócratas están de acuerdo. Creen que algunos juegos «trivializan la violencia» puesto que rebajan el listón humano de lo que se percibe como violento. Pero liberales y verdes recuerdan que Alemania ya tiene una de las legislaciones juveniles más estrictas, en armas como en alcohol.
Tras la matanza de Erfurt de 2002, en que un ex alumno acabó con la vida de 16 en su colegio, se elevó la edad de posesión de un arma, de 18 a 21 años y, a menores de 25, se les impuso un certificado psicológico. Todos los requerimientos para una licencia pueden necesitar de un año.
Pero el debate sobre las armas y la fascinación juvenil se ha abierto a la sociología. De los chavales se destaca que, cuando parecen tener hoy más que nunca, su insatisfacción revela que más parecen tener menos que nunca. Un informe de Sanidad muestra que beben más que nunca, son más violentos que nunca y están más gruesos que nunca; pese a ir al gimnasio. «Y ellas también», recordó hace días el ministro del Interior, Wolfgang Schäuble.
Las aseguradoras sanitarias denuncian que tratan casi 20.000 comas etílicos anuales en jóvenes y quieren incluso subir el impuesto del alcohol para enjugar el gasto añadido. Karl Lauterbach, el experto en sanidad del Partido Socialista Alemán, quiere que el alcohol «se expida previa identificación».
diario ABC de España